Al alba, José Flores punteó la guitarra y, descalzo como estaba, saltó a la calle alfombrada de cristales rotos. Sorteó un par de borrachos y, dejando un reguero de sangre tras las huellas de sus pies, alcanzó la otra acera. Se mantuvo en pie por un segundo y, vencido por las copas, se desplomó.
Lo encontraron por la tarde, sobre un mar de vómito, los empleados de la limpieza municipal, que lo despertaron con un par de ostias.
miércoles, 18 de abril de 2007
lunes, 25 de diciembre de 2006
La primera en la frente
Se quedaron mirándose en el bar. A través del humo y de los vasos de tubo. A través de las transparencias de los vestidos. A través de los densos sonidos que les envolvían. A través de la ligera espuma de las cervezas...
Se acercaron el uno al otro. Venciendo las corrientes del mar de brazos y piernas. Venciendo la espesa cortina de olores que se les adherían al cuerpo y les impedían avanzar. Venciendo el instintivo miedo al amor...
- Sígueme - le dijo ella.
Y él la siguió. La siguió a su casa. La siguió a su habitación. La siguió a su cama. La siguió a sus brazos y a su pelo y a sus piernas y a su vientre...
Nunca dejó ya de seguirla...
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